Testigo...

Llegó sin permiso alguno. Con un rastro de misterio a su paso. Me contaba mi amigo sobre aquella que, trayendo consigo una historia en la que cabían los dos, se presenta delante él con un saludo en los dedos y una sonrisa doblada que encerraba la calidez de los días

La Carta...

Un día cualquiera, después de unos meses de extrañarle, por un asunto de nervios las horas no pasaban. En la mesa estaba tendido el sobre que ella miraba. En sus ojos se reflejaba que él era el remitente. Había llegado en la mañana y aunque no le faltaron ganas, abrirlo

Alados...

El estruendo resonante de un rayo causó que ella abriera sus ojos y se levantara de la cama súbitamente. Una extraña sensación le hizo tocar su espalda. Sorprendida, giró su rostro, y se dio cuenta de que tenía alas. Se asustó. Salió corriendo de la habitación y vio que nadie

El Conductor...

En los primeros días de mi adolescencia, me acostumbré a escuchar el saludo del señor Carlos, el conductor del autobús que nos llevaba al colegio. Había algo en su sonrisa que ofrecía más que un simple viaje de ida y vuelta. Su trato reflejaba una satisfacción genuina, como si de